martes, 24 de noviembre de 2015

TECNOLOGIAS AGRARIAS

TECNOLOGIAS AGRARIAS


TECNOLOGÍA AGRARIA

Dentro de las operaciones estadísticas ejecutadas por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente con la colaboración estrecha de la información proporcionada por los técnicos de las CCAA, determina con periodicidad mensual los avances de superficies y producciones de los principales cultivos herbáceos y las producciones de los principales cultivos leñosos, dentro de un calendario establecido al efecto en función de las épocas de siembra y recolección a lo largo de la geografía española.
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Dado el interés de tener una información rápida de la evolución de las superficies y producciones de cada cultivo, parece oportuno presentar estas informaciones de una manera regular. Las estimaciones que se presentan corresponden a las superficies y producciones anuales que se estiman para cada cultivo.
Parece la primera de las posibles cuatro que ha habido y están habiendo ahora, en un pequeño resumen, se produjo entre 1800 y 1870 y se dio fundamentalmente en Gran Bretaña, donde se comenzó a usar el carbón como fuente de energía, el alto horno, el telar mecánico y la maquina de vapor de watt, el hierro y algodón, el ferrocarril y el barco de vapor, y todo ello debido al aumento de demanda deducido de un gran aumento de población.Y 
Y como todo esto supone un profundo cambio CARACTERISTICAS DE LA ACTIVIDAD AGRARIA
El espacio rural se desarrollan las actividades agrícolas, ganaderas y forestales del ser humano; en la actualidad, estas actividades tradicionales se han diversificado con la introducción de otras, como las recreativas, industriales y de servicios.
La pluralidad de los espacios rurales es el resultado de la influencia de diversos factores físicos y elementos humanos en un periodo corto se le llama revolución.

CARACTERISTICAS DE LA ACTIVIDAD AGRARIA
El espacio rural se desarrollan las actividades agrícolas, ganaderas y forestales del ser humano; en la actualidad, estas actividades tradicionales se han diversificado con la introducción de otras, como las recreativas, industriales y de servicios.
La pluralidad de los espacios rurales es el resultado de la influencia de diversos factores físicos y elementos humanos
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEie8cOdmqU5CAhIVCrQKac7PaPA69GUpbFPR73W5iPKBXVw8PGjQ4eX7puowfv2EfLxk1cZRyi_Twt2oqQ2jK4gXv4FZ7oCIj5ZaWRjLAMvSdVBh2WgP1VBq0KhujrxEus7j8VtYW4GkgH1/s1600/e788fecc51de6a51c61c2b9320507b22_1M.jpg
Todos ellos son problemas que deben ser contemplados minuciosamente y que, sin duda, tienen que ver con lo expuesto en estas páginas; pero para tener una comprensión cabal de los mismos es necesario inscribirlos dentro de un marco más amplio. Intentar diseñarlo es, justamente, la tarea que se pretende realizar al estudiar la relación entre la reforma agraria y la modernización económica. 
Desde esta óptica, he rehuido conscientemente las reflexiones pormenorizadas sobre situaciones singulares -salvo en aquellos casos que he usado como ejemplo y, aun así, se han acometido con un sesgo muy determinado-. Muy especialmente, he evitado casi toda referencia a la realidad española, ya que tratarla con un cierto rigor me hubiese alejado considerablemente de los objetivos propuestos. 

I) ¿ Qué entendemos por reforma agraria?.
En esteanálisis subyace una hipótesis, cuya validez se pretende comprobar, que convendría hacer explícita desde el primer momento, y que cabría plantear en los siguientes términos: en el mundo agrario hay una estrecha relación entre el régimen de explotación y propiedad de la tierra, el modo de producción general en el ámbito espacio temporal de referencia y, en tercer lugar, las disponibilidades tecnológicas del momento.
Dicho esto, podríamos acercarnos al concepto de reforma agraria a través de dos definiciones que son clásicas en algún sentido. Por un lado estaría la propuesta por Gunnar Myrdal en el Discurso de Apertura de la Conferencia Mundial sobre la Reforma Agraria de 1966. En tal ocasión dijo:
« Se entiende por Reforma Agraria una reorganización jurídica e institucional planeada de las relaciones entre el hombre y la tierra.»
La otra, quizás más académica, es la aportada por Jean Le Coz en su obra Las Reformas Agrarias, publicada en 1974, donde la explicaba como:
«el conjunto de operaciones que tienden a transformar la estructura territorial de un estado o de una región mediante la modificación de las relaciones sociales, con el fin de asegurar la mejora de las técnicas de cultivo y el aumento de la producción agrícola.»
A partir de ambas aproximaciones cabría empezar a señalar algunos puntos comunes. En primer lugar, se trata de una acción consciente, y más o menos planificada, que pretende incidir en diversos frentes. De alguna manera, esta intervención ha de tener una repercusión institucional, es decir, ha de legitimar una vinculación diferente entre el hombre y la tierra.
Por otro lado, las relaciones sociales e, implicitamente, el modo de producción configuran el eje que articula y da sentido al cambio que se pretende. A la par, uno de los objetivos importantes parece ser el incremento de la productividad agrícola.
El discurso teórico que se ha ocupado de las reformas agrarias durante los últimos años ha partido, básicamente, de los elementos que acabamos de enumerar. Ahora bien, probablemente se podría distinguir entre aquellos que ponen el énfasis en la productividad, como móvil principal, y los que, por el contrario, lo hacen sobre el régimen de propiedad o tenencia, como factor explicativo de las diferentes modalidades. Entrar en tales matices nos distraería de nuestros fines pero, de todos modos, tal dicotomía aparecerá de diferentes maneras a lo largo de estas páginas.
Además de estos aspectos, que son recurrentes en todos los trabajos acerca de las tensiones sociales en el espacio agrario, deberíamos añadir algunas consideraciones que provienen de la tradición marxista y que se podrían ejemplificar con estudios como el de Gutelman (2). Cabría formular su idea en los siguientes términos: toda reforma agraria es un producto social, es decir, sus características, su «morfología», son fruto de una serie de condiciones históricas, geográfico - ambientales y sociales, pero, a su vez, influye y modifica el medio en que se produce. Tal planteamiento promete ser especialmente provechoso desde la intención, ya anunciada, de desvelar las relaciones entre reforma, modo de producción global y disponibilidades tecnológicas.
Para explicar estas cuestiones he organizado dos grandes núcleos conceptuales. En el primero se abordan los aspectos generales, a saber: la conexión existente entre los cambios en la estructura agraria y las posibilidades de crecimiento económico global, lo que define el marco que daría sentido a cada reforma particular.
A continuación es posible ocuparse de los problemas propios de las diferentes intervenciones en el espacio agrario para pasar, por último, a uno de los temas centrales como es el del tamaño de las explotaciones y sus implicaciones relativas a la potencial competitividad.
Definidas estas líneas podríamos, en la segunda parte, estudiar los casos concretos, en la perspectiva de señalar diferentes modalidades de actuación. Así, veremos inicialmente los cambios acaecidos en la primera mitad del siglo. Trataré de mostrar que la contradicción básica estaba, entonces, entre racionalización y reparto, y la dimensión de las parcelas era un aspecto prioritario.
Luego pasaremos a las estrategias de crecimiento económico global puestas en marcha tras la II Guerra Mundial, el nuevo potencial tecnológico y el nuevo tipo de transformaciones que tales circunstancias auspiciaban.
II) Agricultura y desarrollo económico global.
Desde los años 60 parece universalmente aceptado, o al menos por una mayoría muy amplia, que no es posible un análisis aislado de las reformas agrarias, sino que ha de hacerse integrado en el ámbito económico en que ésta se inscribe, y sólo así será posible una comprensión global de la misma.
En tal dirección cabría señalar tres grandes preocupaciones: la relación entre cambio agrícola y expansión demográfica, la incidencia sobre la distribución sectorial de la mano de obra, así como sus repercusiones y, por último, su nexo con las posibilidades de acumulación de capital.
Probablemente, el tema de la población es el que tiene unas manifestaciones más notables, y ha generado un discurso con una vasta tradición. La cuestión estaba ya presente, desde el siglo XVIII, en la reflexión de la fisiocracia y en los trabajos de Quesnay, así como en el pensamiento malthusiano. Tan larga trayectoria ha dado lugar, en la actualidad, a una abundante bibliografía, así como a un amplio debate (3), del que no podemos ocuparnos aquí.
Ahora bien, siempre que se habla de la contribución de la agricultura al desarrollo económico del conjunto se parte de la premisa de que es condición necesaria -aunque no suficiente- una acumulación en aquella para que se dé el segundo.
El primer asunto que ello suscita es el de la cantidad de gente ocupada en el campo. Es sabido que en las primeras etapas del desarrollo entre el 60 y el 80 % de la población activa está dedicada a la agricultura, creando una alta proporción del ingreso nacional.
Pero durante un tiempo, mientras desciende porcentualmente la mano de obra empleada en este sector, su valor en términos absolutos continúa aumentando (Figura nº 1). La manera y el ritmo como se resuelva tal desfase condicionará las posibilidades de crecimiento global, que se verán limitadas por la aparición de rendimientos decrecientes, debidos al incremento progresivo del número de individuos empleados sobre un factor limitado como es la tierra. Los mecanismos arbitados para paliar tales inconvenientes han avanzado por dos caminos. Por un lado, la roturación de nuevas tierras, lo que no siempre es factible, y con frecuencia peligroso a largo plazo, eventualidad sobre la que ya había advertido la Conferencia Mundial sobre la Reforma Agraria de 1966. La otra alternativa es buscar métodos que permitan la intensificación de los cultivos.
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